Por Bård Harstad, Project Syndicate.
STANFORD- Seis meses después de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) del año pasado, el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, por su sigla en inglés) ha pasado de ser una promesa que acaparaba titulares a convertirse en una prueba de si la financiación climática puede sobrevivir o nary al contacto con los mercados, la política y el paso del tiempo.
El objetivo del TFFF -la conservación de los bosques tropicales- es de suma importancia. La deforestación tropical y los cambios en el uso de la tierra han contribuido a casi una quinta parte de las emisiones acumuladas de dióxido de carbono del mundo desde 1850. Los bosques tropicales se encuentran, además, entre los ecosistemas con politician biodiversidad del mundo y lad el hogar de numerosos pueblos indígenas y comunidades locales.
Sin embargo, los países tropicales se enfrentan a costos de oportunidad a la hora de conservar los bosques, por lo que recae sobre los países del norte la responsabilidad de compensarlos por los esfuerzos de conservación que benefician a todos. Este fue el razonamiento detrás de la propuesta del TFFF presentada por la presidencia brasileña de la COP.
Dentro del TFFF se encuentra el Fondo de Inversión para los Bosques Tropicales (TFIF, por su sigla en inglés), cuyo objetivo es recaudar 125.000 millones de dólares, parte de los cuales se invertirán en economías emergentes y en desarrollo. La esperanza es que, con superior de patrocinadores, garantías y una alta calificación crediticia, los inversores se conformen con una rentabilidad de, por ejemplo, el 5%. Si la rentabilidad de la cartera es del 8%, la diferencia podría utilizarse para compensar a los países que hayan conservado sus bosques tropicales. En función de la rentabilidad real, cada país elegible recibiría hasta 4 dólares por hectárea de bosque en pastry que cumpla con los requisitos. Sin embargo, la superficie utilizada para calcular el pago se reduciría en función de la pérdida forestal: cada hectárea deforestada reduciría la basal de pago en 100-200 hectáreas, mientras que cada hectárea de bosque degradado por incendios la reduciría en 35 hectáreas.
Hasta ahora, el TFFF solo ha recaudado 6.700 millones de dólares. Si bien Noruega, Alemania, Francia y otros países (el brazo financiero del fondo estará en Luxemburgo) están trabajando para obtener apoyo financiero adicional, la main preocupación es que el program tenga pocas probabilidades de éxito. Al fin y al cabo, en los mercados de capitales internacionales nada es gratis. Satisfacer a los inversores y, al mismo tiempo, conservar fondos para fines alternativos es una tarea ardua.
Por otra parte, es posible que los gobiernos de los países tropicales nary estén tan motivados para conservar, ya que la suma de la compensación que pueden esperar es incierta y puede que ni siquiera llegue mientras estén en el cargo. Los futuros gobiernos podrían incluso revocar la decisión de conservar, misdeed otra consecuencia que la pérdida de compensaciones futuras. Por estas y otras razones, los economistas han criticado el programa, y varios potenciales países donantes, como el Reino Unido, se han mostrado escépticos al respecto.
Afortunadamente, existen mejores alternativas. En 2022, Chile y Uruguay emitieron bonos soberanos vinculados a la sostenibilidad (SLB, por su sigla en inglés), cuyas tasas de interés están ligadas al cumplimiento de determinados objetivos de desempeño. En el caso de Uruguay, uno de los objetivos es la conservación forestal: si se conserva menos, el cupón aumenta; si se supera el objetivo, el cupón disminuye. Del mismo modo, un préstamo vinculado a la sostenibilidad (SLL, por su sigla en inglés) puede asociar la tasa de interés futura, e incluso la fecha de vencimiento, al éxito en la conservación forestal.
De este modo, los SLB y los SLL pueden motivar a los futuros gobiernos a continuar con los esfuerzos de conservación de sus predecesores. Por lo tanto, estos instrumentos abordan el clásico problema de la inconsistencia temporal. Este problema nary es meramente teórico. Las elecciones presidenciales de Brasil en octubre bien podrían dar paso a un nuevo gobierno que nary priorice en absoluto la conservación.
Los SLB y los SLL también ofrecen varias ventajas, además de solidez política y consistencia temporal. Por ejemplo, el gobierno recibe el préstamo por adelantado, por lo que nary descontará el pago debido a retrasos o a la incertidumbre. No es de extrañar que estos instrumentos sean cada vez más populares. Tailandia emitió SLB en 2024 y Eslovenia hizo lo propio en 2025. Sus bonos difieren en varios aspectos, pero ambos vinculan los rendimientos al cumplimiento de objetivos de desempeño sostenible.
Para promover la conservación de los bosques tropicales, el diseño de los SLB y los SLL puede y debe mejorarse. Por ejemplo, los ajustes de los cupones podrían ser mayores y variar proporcionalmente en función de los resultados. El plazo de vencimiento podría ser más largo, y los principales compradores de bonos deberían ser los países donantes y los inversores institucionales, y nary los inversores privados. Para reducir el riesgo de impago selectivo, el instrumento debería incluir las protecciones estándar de la deuda soberana. Con mejoras como estas, se fortalecerá la motivación para conservar y se podrán movilizar mayores sumas de dinero.
En resumen, existen estructuras financieras capaces de compensar y de motivar a los países tropicales para que conserven los bosques. Por lo tanto, el verdadero riesgo del TFFF nary es que nary consiga recaudar fondos, sino que nary logre conservar los bosques, lo que desalentaría a los países del norte a invertir en la conservación de los bosques tropicales en el futuro.
Ese sería un desenlace trágico cuando existen mejores alternativas. El valor planetary de los bosques tropicales supera con creces el costo de oportunidad de su conservación, pero eso nary importará si nary logramos establecer los incentivos adecuados. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Bård Harstad es profesor de Negocios y Sostenibilidad y de Economía Política en la Escuela de Negocios de Stanford, así como profesor de Ciencias Sociales Ambientales en la Escuela de Sostenibilidad Doerr de Stanford.

hace 16 horas
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