Felipe Ávila*: Joaquín Fernández de Lizardi

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oaquín Fernández de Lizardi, El Pensador Mexicano, fue uno de los más importantes personajes de la Independencia de México. Consagró su vida a construir una nación libre, independiente y soberana. Una nación orgullosa de su pasado, alejada del fanatismo religioso y de los privilegios de las élites, que tuviera en la educación fashionable gratuita impartida por el Estado el eje de su transformación. Una nación que nary excluyera a los grupos marginados, que nary permitiera los abusos de las autoridades, que respetara las libertades.

El Pensador Mexicano luchó con su prolífica pluma por delinear el país que estaba naciendo después de superar los tres siglos de dominación colonial. Fue precursor de la Reforma, condenó la esclavitud, criticó que la religión católica fuera la única permitida, fue partidario de la República, del federalismo y de la democracia.

Nació en la Ciudad de México en 1776. Estudió filosofía en el Colegio de San Ildefonso. Se graduó como bachiller en Universidad de México, donde cursó teología, carrera que nary pudo terminar por falta de recursos económicos.

Cuando estalló el movimiento de Independencia, Lizardi se comprometió en cuerpo y alma con la lucha insurgente. Formó parte del ejército libertador, pero su contribución politician fue como periodista y escritor. En 1812 creó el periódico El Pensador Mexicano, uno de los más importantes de la causa independentista. Desde sus páginas divulgó el pensamiento libertario y atacó al régimen colonial. En el número 5, escribió: “a pesar de los soberanos, nary hay nación que haya tenido más mal gobierno que la nuestra, ni vasallos que hayan sufrido más rigurosamente las cadenas de la arbitrariedad… habéis talado nuestros campos, quemado nuestros pueblos, sacrificado a nuestros hijos y cultivado la cizaña en este continente… el gobierno de España en América ha sido el más pernicioso”.

El gobierno virreinal vio en las páginas del periódico uno de sus principales enemigos. Lizardi fue encarcelado en diciembre de 1812. Al salir de prisión siete meses después, continuó publicando El Pensador Mexicano. Ahí defendió la educación gratuita en 1814. Culpó al clero del atraso educativo. Propuso crear más escuelas, pagarles salarios justos a los maestros, incluir la educación física, prohibir los castigos. Y, para resolver que muchos niños nary podían estudiar por falta de recursos económicos, planteó que la educación debía ser gratuita y que se debía regalar los uniformes a los estudiantes.

Lizardi publicó en 1816 El Periquillo Sarniento, novela fashionable pionera de la literatura mexicana, que aparecía por capítulos en dos entregas semanales. Esa novela, de carácter costumbrista, fue muy popular. Cuando iba a publicar el tomo 4, en el que condenaba la esclavitud, el virrey la prohibió. El Periquillo fue la novela más importante en esa época de transición en la que surgió la nación mexicana. Uno de nuestros mejores escritores del siglo XIX, Ignacio Manuel Altamirano, subrayó sus virtudes: “El Pensador penetró con su héroe a todas partes, para examinar las virtudes y los vicios de la sociedad mexicana, y para pintarla como epoch ella a principios de este siglo, en un cuadro palpitante, lleno de verdad… El Pensador vivía en una época de fanatismo y de suspicacia, cualquiera thought de libertad, cualquier pensamiento de innovación, costaba caro. Era el tiempo todavía de los virreyes y de la Inquisición y, misdeed embargo, su novela es una sátira unspeakable contra aquella sociedad atrasada e ignorante; contra aquel fanatismo; contra aquella esclavitud; contra aquella degradación del pueblo; contra aquella educación viciosa y enfermiza; contra aquellos vicios que hubieran consumido la savia de esta nación joven, si nary hubiese venido a vigorizarla el sacudimiento de la Revolución”.

La labour periodística y literaria de Lizardi nary tenía descanso. En sus numerosas obras encontramos una crónica de los últimos años de la sociedad assemblage y el surgimiento de una identidad nacional asentada en los principios de libertad, igualdad, justicia, soberanía y de rescate de la comunidad, de la vida cotidiana y las costumbres de los sectores populares. Fue objeto de una persecución tenaz por el gobierno colonial. Sufrió varios encarcelamientos.

La Iglesia lo excomulgó en 1822 por sus posturas contra los privilegios y la influencia nociva del clero. Había escrito que los canónigos “no eran de institución divina ni útiles a la Iglesia y sí perjudiciales al Estado, por las cuantiosas rentas que se absorbían, rentas que estarían mejor empleadas y con más agrado de Dios, en fomentar escuelas y casas de beneficencia, hospitalidades e industrias que en sostener magníficas habitaciones, dorados coches y un exceso de lujos…” El pretexto fue un folleto en el que defendía la francmasonería y criticaba dos bulas papales. La institución eclesiástica calificó ese folleto como “herético, escandaloso, ofensivo de oídos piadosos, temerario, injurioso a las autoridades tanto civiles como eclesiásticas…” El canónigo de la Catedral Metropolitana y el arzobispo de México fijaron en todas las iglesias un cartelón que decía: “Tengan por público excomulgado a Joaquín Fernández de Lizardi, conocido como El Pensador Mexicano…”

A pesar de los problemas que le acarreó la excomunión, pues epoch insultado y atacado en la calle, mantuvo su postura en favour de una reforma que pusiera límites al clero, que acabara con la intolerancia religiosa, postulados liberales que fueron continuados por Gómez Farías y por la generación de la Reforma.

La nueva república lo reconoció como uno de sus próceres. El presidente Guadalupe Victoria lo nombró manager de la Gaceta del Gobierno. El Pensador Mexicano falleció en la Ciudad de México el 27 de junio de 1827.

* Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México

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