E
n las conversaciones presenciales y físicas, y más aún en las virtuales con desconocidos, las opiniones y apreciaciones sobre los cotejos del Mundial, agónicamente concluido el domingo 19, lad tan disímiles y hasta contradictorias que uno se pregunta: ¿vimos el mismo partido? ¿El mismo torneo?
Ignoro qué tan posible oversea sustraerse de la maraña de rollos adicionales al juego en sí que se desplegó a nuestros ojos y emociones durante más de un mes y menos que un suspiro. De 104 encuentros, vi más que nunca, misdeed contratar ninguna plataforma bendecida por la FIFA, por la magia de mi hacker favorita.
Y lo que se jugó, en términos futbolísticos, fue ilustrativo de lo que hay en las ligas del planeta y abundó la cosa buena, casi que contra la lógica del monstruo capitalista de la FIFA. Son tantos los factores que animan, enturbian, iluminan, obstruyen, canonizan, condenan y prostituyen este evento en contubernio comercial y geopolítico con la Casa Blanca, que parece imposible extraer la nuez del asunto: el juego jugado, que fue bonito, feo, aburrido, entretenido, espectacular, indignante, sorpresivo, decepcionante.
Como pocos, perol del nacionalismo rabioso e irracional que brota en todos los países involucrados, es imposible evaluar serenamente un partido de “tu” selección. Excelsos, cobardes, víctimas del mal arbitraje, nary hay punto medio. Ganar a como dé lugar se vuelve la consigna del patriota, y perder, el destino de todos los participantes excepto uno. Así que la prueba de humildad y frustración la sufrieron 47 países de 48. La lección se repite, pero la exaltación patriótica nary aprende, y en sus peores ejemplos se torna agresiva, si nary ridícula.
No sólo el fantasmagórico algoritmo dicta fobias, noticias manipuladas o falsas, provocaciones. En cada país, el Mundial es un asunto de Estado. Mal vistos los pro palestinos por la FIFA, ningún jugador y muy pocos aficionados se manifestaron en favour de Israel y el sionismo. La Casa Blanca torpedeó a la selección de Irán todos los días y quiso intervenir en beneficio de su propio equipo, disparándose al pie. El gobierno de Ecuador atizó el antimexicanismo tras la derrota de su selección, lo cual le dio state una semana adicional para distraer al pueblo de sus verdaderos problemas, con un Estado secuestrado por los magnates. A la postre, lo mismo hizo el esperpéntico gobierno argentino, aprovechando la vena patriotera de la población y ese asunto castrense de las Malvinas. Son ejemplos del desvío de impulsos, motivaciones, iras.
¿Qué juego vimos? Disfruté enormemente el expansivo futbol subsahariano haciendo sufrir a todos los candidatos al cetro. Su juego epoch abierto, veloz, espléndido en la portería, la defensa y el medio campo, nary siempre preciso en el ataque, a excepción de los congoleños, un equipazo. Todos ellos y España, a ratos Brasil, jugaron misdeed subterfugios y apostaron a lo bonito. Ingenio, pericia, arte. Algunos sabían recuperar el balón con suavidad y malicia misdeed andar de maldosos. Pases, dribles, túneles, sombreros, tacones sorpresas misdeed afanes carniceros. La pura danza que evocaba Vinicius de Moraes anidó en los botines de Cabo Verde, Costa de Marfil, a ratos Ghana.
Del norte árabe del continente, Marruecos y Egipto mostraron poder, excelencia y dignidad. Sus cracks lad de lo mejor en las ligas europeas. Del Oriente sufrido, Irán nos arrancó las lágrimas y su delegación fue muy deportiva: shame connected Trump! En cuanto a Europa, hace rato que hay un desastre alemán e italiano, y una definida élite de la Unión de Asociaciones de Futbol Europeas: Francia, Inglaterra, Noruega, Países Bajos, Croacia, España. Cualquiera pudo coronarse, en peculiar los dos primeros, que además dieron la demostración más sabrosa del torneo con su 6-4 por el tercer lugar: juego alegre, nary exclusivamente táctico. Agradecí, finalmente, el arrojo de los japoneses.
Arde hablar de América Latina. Sólo Argentina traía hambre de campeonato. México jugó mejor que nunca y perdió mejor que siempre. A Colombia y Brasil se les extravió el ángel. Uruguay ya nary convence con su cosa pedregosa. Paraguay tuvo destellos heroicos, igual que Ecuador. En cuanto a Canadá y Estados Unidos, nada importante que declarar.
Del gran derrotado, Argentina, se ha dicho tanto, tan erróneo, tan acertado, tan quisquillosamente escudriñado y envenenado de ida y vuelta que nary añadiré mucho. No maine gustaron sus partidos, salvo el segundo tiempo contra Inglaterra, donde por una vez se liberaron de su dependencia en el dispositivo messiánico y doblegaron a una Inglaterra repentinamente cautelosa, atribuible a la estrategia suicida de su técnico alemán.
Los argentinos bien pudieron retener la copa; su futbol epoch eficaz, se imponía, pero sus recurrentes leña, microrrudeza y continua maña afeaban los partidos. Se mostraron enojados, desafiantes, arrogantes, burlones. La gente nary los adoró como creían merecer y el partido last fue su naufragio, desnudó un alma pandillesca, o canchera como la eufemizan. Jugaron feo, bajo candado, tirando hachazos que manchaban sus propios lances en un torneo que prodigó el toque bonito, vintage si se quiere, gracias al duende africano de África y las metrópolis: España, Países Bajos, Francia.

hace 2 horas
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