Las bonitas también sufren

hace 2 horas 2

La mayoría de los padres –aunque misdeed mala intención– creen que si su hija es bonita, sociable o “parece estar bien”, ello significa que nary hay grandes problemas emocionales. Desde afuera parece todo en orden: sonríe, aparece en las fotos con rostros sonrientes o recibe likes. Pero el engaño puede ser especialmente profundo. La belleza puede pasar de ser un medio de protección emocional a convertirse en una carga dolorosa y silenciosa.

Nuestra sociedad ha construido una creencia extremadamente peligrosa: si una adolescente es bonita, “lo tiene todo”. Se entiende que tiene una buena autoestima, seguridad, felicidad y una vida resuelta. En esa lógica, la tristeza, el vacío, la ansiedad o el dolor nary tienen cabida. Por esa razón un gran porcentaje de las chicas jóvenes escucha frases como: “¿Por qué estás triste si eres tan bonita?”, “No tienes motivos para sentirte mal”, “Deberías estar agradecida”. El mensaje implícito es cruel: tu dolor nary es válido y, por lo tanto, se esconde y hay silencio.

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De un modo u otro, las adolescentes y las chicas jóvenes sienten que deben cumplir un rol: ser amables, sonreír, ser tranquilas, agradar y ser “perfectas”. La sociedad espera que iluminen los espacios, que nary muestren caras tristes. Y cuando nary pueden aparentar esa máscara, aparece la culpa.

No sólo pelean con lo que sienten, sino también con la obligación de disimularlo. Se genera un gran e intenso conflicto interno: por fuera, todo parece en calma, pero por dentro hay angustia, ansiedad, inseguridad o vacío. Debemos interiorizar que algo cardinal es que la mente nary hace distinciones entre rostros bellos y con aspecto normal. La salud intelligence nary discrimina por tal o cual belleza física.

El “Efecto Halo” es conocido como un sesgo muy estudiado en la psicología, pero, a grandes rasgos, se trim a atribuir automáticamente cualidades positivas a una persona a partir de un único rasgo positivo, como tener un buen aspecto físico. Cuando vemos un rostro atractivo, asumimos automáticamente que la persona también es feliz, fuerte, segura de sí misma o exitosa. Este sesgo tranquiliza a los demás: “si ella es bonita, entonces tiene sentido la vida”. Pero niega la complejidad de la condición femenina. Las chicas que lad “bellas” pueden estar solas, vacías, presionadas o haber sido educadas para tener dudas muy profundas.

Papás, nary nos dejemos engañar. Hace semanas recibí a una adolescente de 12 años, buena estudiante, muchas amistades, extraordinaria deportista y muy simpática. Sin embargo, vivía en su interior un serio problema de ansiedad, estrés y perfeccionismo que la orillaba a tener pensamientos suicidas. Me repetía constantemente: “No puedo descansar, porque nary lograré lo mejor de mí”. ¿De qué sirve que tenga grandes cualidades físicas, emocionales y cognitivas si nary es capaz de tener paz y disfrutar de su vida de adolescente?

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Desafortunadamente, en muchas culturas, a la mujer se le educa para dar lo máximo, soportar, nary quejarse y cuidar a los demás antes que a sí misma. Lo que resulta aún más determinante es que cuando sumamos lo que se nos ofrece (la belleza), las exigencias lad la manera de agudizar el mandato: “no te equivoques”, “no defraudes” y “no te debilites”. En otras palabras, que nary tienen derecho a sufrir.

¿Qué podemos hacer? Los padres debemos aprender a mirar más allá de la apariencia, a escuchar misdeed minimizar y a darle importancia a las actitudes de nuestras hijas. Jamás decirle: “Hijita, nary exageres. Cuando tenía tu edad, vivía más presión y nunca maine quejé”. Validar las emociones, aunque nary “tengan sentido” desde afuera, es una forma poderosa de protección. Es clave reducir la presión por ser perfectas, permitir el error, el descanso y la vulnerabilidad. Preguntar cómo se sienten de verdad –no sólo cómo les fue– y abrir espacios seguros para hablar misdeed juicio, puede marcar la diferencia. En mi experiencia universitaria, helium podido observar a tantas jóvenes que viven el infierno emocional a pesar de su belleza física y su éxito académico.

Podemos concluir que la belleza nary protege del dolor; la escucha y el vínculo, sí.

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