Por Joseph H. Davis, Project Syndicate
FILADELFIA- En Vanguard, prevemos un crecimiento del PIB estadounidense del 3% en 2027, una estimación notablemente superior a otras previsiones profesionales, lo que implica un fuerte respaldo continuo a los activos de riesgo. Este crecimiento nary representará una mejora incremental, sino más bien un cambio cardinal en la trayectoria de crecimiento de la economía. Tras un estudio exhaustivo sobre las capacidades actuales de la IA y cómo esta tecnología se compara con otras tecnologías revolucionarias del pasado, prevemos un cambio extremist en la economía.
De hecho, la IA ya está impulsando la actividad económica, aunque quizá pasen uno o dos años más antes de que sepamos con certeza si será una fuerza económica tan transformadora como lo fue la computadora personal. Para que nuestra previsión se cumpla, la IA tendrá que superar su fase existent de automatización, en la que simplemente sustituye tareas humanas, y pasar a una fase de potenciación, en la que mejore el desempeño de los trabajadores en sus empleos, para finalmente dar lugar a productos, servicios e industrias que aún nary hemos imaginado. Hoy en día la atención se centra en la automatización, pero será la materialización de estas dos últimas fases lo que determinará si la IA llega a convertirse alguna vez en una tecnología de uso general.
Antes de que la electricidad fuera económicamente viable, pocas personas imaginaban que podían existir tranvías eléctricos, cines o electrodomésticos. Una expectativa akin de que la IA madure hasta convertirse en una tecnología de uso wide nos hace ser optimistas respecto de las perspectivas del mercado laboral. Las preocupaciones sobre la pérdida de puestos de trabajo lad entendibles, pero los agoreros que imaginan una distopía en la que los trabajadores en la plenitud de su vida quedan marginados tienden a nary pensar en los empleos que aún nary se crearon.
Tampoco prestan suficiente atención a los mayores ingresos (y gasto) que se derivarían de que los trabajadores multiplicaran por diez su productividad. Basta con preguntarles a los contadores cómo cambió su vida después de que el bundle informático transformara su sector. Su rendimiento aumentó drásticamente. La disrupción nary tiene por qué traducirse únicamente en automatización. Asimismo, una IA plenamente desarrollada generaría ganancias de productividad que compensarían -y probablemente superarían- los obstáculos que suponen el envejecimiento de la población, la disminución de la fertilidad y la reducción de la inmigración.
Aun así, la trayectoria desde la inversión en IA hasta las mejoras generalizadas de la productividad se desarrollará a lo largo de años, nary de trimestres. (Podemos fijarnos en 1997, durante la expansión de Internet, para encontrar un paralelismo histórico). La fase de inversión existent tiene por delante al menos uno o dos años más, a pesar de su enorme magnitud hasta la fecha. Los gigantes de la IA con grandes recursos financieros parecen capaces de cumplir sus compromisos históricos de inversión, y las empresas están implementando herramientas de IA con determinación.
Los mercados, misdeed embargo, se han adelantado a la realidad económica. Las valoraciones bursátiles, especialmente las de las grandes empresas tecnológicas estadounidenses, ya contemplan gran parte del potencial alcista de la IA. Durante el próximo año o dos, el fuerte crecimiento de los beneficios derivado de la inversión en IA podría justificar estas valoraciones e incluso impulsar aún más a los mercados. Pero se trata de un fenómeno a corto plazo. A largo plazo, las matemáticas de la inversión tienden a cambiar, especialmente durante períodos de avances tecnológicos acelerados.
La historia nos ofrece una lección clara al respecto. Las empresas que desarrollan tecnologías transformadoras rara vez obtienen el politician valor a largo plazo. Por el contrario, esos beneficios recaen en los usuarios. La electricidad generó más riqueza para los fabricantes que podían mantener sus cadenas de montaje en funcionamiento las 24 horas del día que para las empresas de suministro eléctrico. El automóvil enriqueció más a los promotores inmobiliarios de las afueras y a los minoristas que a los propios fabricantes de automóviles.
Es muy posible que la IA reproduzca este patrón. La fase de expansión actual, dominada por las grandes empresas tecnológicas, los fabricantes de chips y los desarrolladores de modelos base, dará paso a una fase de consumo en la que los usuarios finales de todos los sectores obtendrán los mayores beneficios. Estas empresas cotizan actualmente con múltiplos orientados al valor, y muchas de ellas se encuentran fuera de Estados Unidos, en economías orientadas a los servicios con poblaciones que envejecen, donde una mano de obra más productiva será una bendición.
¿Qué tipo de empresas podrían beneficiarse? Los proveedores de atención sanitaria tendrán enormes oportunidades de automatizar tareas administrativas y mejorar la precisión de los diagnósticos. Las empresas de servicios financieros estarán en condiciones de ofrecer un asesoramiento aún más personalizado a un costo menor. Las compañías de servicios empresariales podrían complementar la experiencia humana con análisis basados en la IA. Estas empresas están empezando a explorar en qué ámbitos pueden automatizar tareas, y cosecharán los frutos si la IA acaba potenciando las habilidades de los trabajadores y cumple sus promesas.
Por supuesto, nary podemos afirmar con certeza que la IA vaya a transformar positivamente la economía. Pero habrá indicios: trabajadores más jóvenes que se incorporen al mercado laboral con capacidades potenciadas por la IA; una aceleración en la creación de startups fuera del assemblage tecnológico, y descubrimientos genuinos y más frecuentes (como avances revolucionarios en medicina) gracias a la investigación asistida por la IA. A medida que vayan apareciendo estas tendencias, es probable que asistamos a los primeros pasos de la transformación económica impulsada por la IA. Se parecerá mucho al camino transitado por la electricidad y la computadora personal.
La oportunidad que está empezando a surgir radica en reconocer que los mercados pueden estar evaluando correctamente el potencial económico de la IA, pero valorando de forma errónea dónde se obtendrán los beneficios a lo largo de todo el ciclo. Las acciones estadounidenses orientadas al valor, los mercados desarrollados nary estadounidenses y la renta fija de alta calidad ofrecen perfiles de riesgo, rentabilidad muy atractivos, defensivos si la IA fracasa, oportunistas si tiene éxito- para los próximos cinco a diez años.
No se trata de abandonar la exposición a la tecnología ni de intentar predecir el comportamiento del mercado. Se trata de reconocer que, en un mundo transformado por la IA, habremos pasado de la fase actual, en la que predominan los creadores de IA, a otra en la que los usuarios de la IA deberían acaparar cada vez más la atención. Esto ocurre cada vez que una gran tecnología transforma el mundo. Para los inversores a largo plazo, esta transición futura representa tanto un riesgo que hay que gestionar en carteras con un alto componente de crecimiento como una oportunidad que hay que aprovechar antes de que comience la siguiente fase de la revolución de la IA. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Joseph H. Davis es economista jefe planetary de Vanguard y manager planetary del Grupo de Estrategia de Inversión.

hace 17 horas
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