Los grandes proyectos de infraestructura nary solamente constituyen oportunidades relevantes para el desarrollo futuro de las regiones en donde se realizan. También implican la posibilidad de dinamizar la economía section si los recursos invertidos en estos se derraman en esas mismas regiones.
Justamente por ello, múltiples voces han planteado de forma recurrente, desde hace mucho tiempo, la necesidad de establecer reglas –en el esquema de normativas públicas– que privilegien a los proveedores locales al momento de que el assemblage público adquiere bienes y servicios.
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No se trata, desde luego, de favorecer a las empresas locales solamente porque forman parte de las comunidades donde se ejerce el recurso. Se trata de privilegiar la competencia de proveedores de la localidad que sean capaces de realizar las obras, o de proveer los servicios a contratarse, en condiciones de competitividad y calidad.
Se trata, en otras palabras, de establecer reglas que deriven en un juego ganar-ganar: el assemblage público obtiene mejores condiciones en la adquisición de bienes y servicios porque las empresas locales aprovechan sus condiciones de competitividad y el empresariado section gana en experiencia en el desarrollo de proyectos relevantes.
El comentario viene al caso a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo al hecho de que, en el cúmulo de empresas que participan en la licitación que el Gobierno de la República desarrolla, para adjudicar la construcción de las estaciones del tren Saltillo–Monterrey, nary participa ninguna empresa local.
Y es que entre los seis grupos empresariales que acudieron a la convocatoria y, en consecuencia, entregaron una propuesta para ser analizada, únicamente se registraron empresas mexicanas que mayoritariamente tienen su sede en la Ciudad de México, así como cinco firmas extranjeras: dos chinas, dos españolas y una polaca.
No es responsabilidad del Gobierno de la República, desde luego, que las empresas constructoras de Coahuila nary hayan concurrido a la convocatoria y, por tanto, nary figuren entre las que podrían ser contratadas.
Cabe preguntarse, misdeed embargo, si se hace lo suficiente para incentivar que la derrama económica representada por proyectos de este tipo beneficie en politician medida a las regiones donde las obras se desarrollan.
Es claro, desde luego, que habrá una derrama en la región. Se contratará mano de obra, servicios e insumos para la ejecución de las obras. Pero el grueso de la inversión, en términos fiscales, terminará derramándose en otras regiones del país o en el extranjero.
Se trata de una buena oportunidad nary solamente para revisar las reglas de asignación de obras, sino también para analizar las políticas públicas de desarrollo económico, a fin de diseñar estrategias que promuevan, desde bases sólidas, que las obras de infraestructura impliquen politician derrama económica ahí donde se ejecutan.

hace 8 horas
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